Vacaciones modo avión
Un poquito de esto y lo otro.
¡Hola! Soy Gracia de Mildías y este es mi boletín semanal donde comparto reflexiones, y experiencias de crianza para hacer este camino un poquito más fácil y menos solitario. ¡Gracias por leerme!
Si te gusta el contenido que estoy compartiendo y crees que puede traerle un poco de calma o claridad a alguien, ¡compárteselo! Así nos ayudamos entre todos.
Me encanta aprender. Hace un tiempo, aprovechaba cada minuto ‘libre’ que tenía, llámese viaje en auto, caminata sola o mientras mi marido hacía dormir a los niños, para leer o escuchar podcasts. Crianza, educación, diseño, desarrollo infantil, decoración, lo que fuese que me llamara la atención. Todo con el objetivo de ‘empaparme de nuevas ideas’ e inspirarme. Genuinamente, lo disfrutaba.
Pero hace poco me empezó a pasar algo. Me saturé de tanta información. Sentía que mentalmente, estaba cansada. No tenía ni la capacidad ni las ganas de absorber más. Quería subirme al auto y escuchar música, o bien, no escuchar nada.
Me di cuenta que la inspiración no aparecía con el bombardeo de información sino más bien todo lo contrario. El tema para mi próxima newsletter, la actividad para una clase o la idea para un post pendiente, aparecían cuando estaba en modo avión, desconectada. No aparecían en medio de la lectura o del podcast, sino en la ducha, caminando de mi sala al auto o mirando a mis niños jugar.
Y me puse a pensar, ¿no será que esto mismo le ocurre a nuestros niños?
En la era de la ‘sobre información’ nos han hecho creer que tenemos que estimular a nuestros niños a más no poder. Los llenamos de talleres, panoramas y actividades, dejando el descanso y el juego para el último lugar. Pero quizás ellos también necesitan estar en modo avión de vez en cuando.
A veces pienso que hemos confundido nuestro rol. Y en este extracto del libro ‘Educar en el asombro’, Catherine L’Ecuyer, lo explica muy bien.
‘Educar en el asombro es reconocer que los niños tienen una naturaleza propia a la que debemos estar sensibles, atentos. El niño es protagonista de su educación. No necesita que lo estimulemos desde fuera hacia dentro. El niño descubre a través del asombro y es este asombro el que le hace desear el conocimiento, lo que le motiva para actuar. Y nuestros hijos no necesitan que nos convirtamos en animadores de ludoteca o que nos desalmemos para convertir su infancia en algo mágico, porque su infancia ya es de por sí mágica’.
Para muchos colegios y jardines infantiles, se acercan las vacaciones y con ello, aparece la presión por convertirnos en justamente esto, ‘animadores de ludoteca’. Aparecen los mencionados planes, panoramas, talleres y actividades, como si el aburrimiento o el descanso fueran nuestros peores enemigos.
En lo personal, me he propuesto dos cosas para estas vacaciones. Primero, respetar los ritmos y tiempos de mis niños, sabiendo que no son los mismos que los míos. Permitir que se demoren en subirse al auto o amarrándose los zapatos. Dejar que caminen lento y se distraigan una y otra vez en el camino. Quiero aprovechar la falta de horarios para que sean sus tiempos, y no los míos, los que manden. Creo que a todos nos vendría bien sacar el pie del acelerador.
En segundo lugar, quiero tener un poquito de todo. Priorizar el descanso y aburrimiento durante dos semanas tampoco es realista y llevado al extremo, se convierte también en una tremenda exigencia. Por esto, quiero tener un poquito de todo.
Quiero jugar y no jugar con ellos. Estar y no estar en la casa. Quedarme y salir a trabajar. Cuando se pueda, quiero tener mañanas lentas, pijama hasta tarde y una sala de estar desordenada (que en la noche se vuelve a ordenar). Quiero idas al supermercado y la verdulería, trámites cotidianos, pero acompañada. Quiero uno que otro panorama y una que otra película. Quiero que se aburran, que jueguen con sus juguetes de siempre. Quiero que lean y coman cosas ricas pero también mantengan una rutina saludable. No quiero nada muy extraordinario pero todo muy necesario.
En el hemisferio norte se acerca el verano y les comparto una recomendación que me hizo mucho sentido para las vacaciones.
“No tienes que hacer que el verano sea emocionante. Ya lo es. La misma playa, la misma piscina, el mismo barrio, el mismo helado todas las tardes - eso no es falta de planificación. Eso es justamente lo que necesitan los niños para acomodarse y empezar a jugar. Saben donde están. Saben lo que viene después. La diversión viene más rápido cuando nadie la está dirigiendo”. The Workspace for Children
Mientras escribo esto, me doy cuenta de que probablemente necesito las mismas vacaciones que ellos.
No voy a dejar de leer, aprender o buscar inspiración. Me encanta hacerlo y es parte fundamental de quién soy. Pero sí creo que a veces no hay que buscar tanto sino confiar. Confiar en que una buena idea puede llegar sola. Confiar en que no todo tiene que estar planificado y programado. Confiar en que no tenemos que llenar cada espacio vacío del día sino más bien todo lo contrario.
Para mí es un tremendo desafío. Soy estructurada y cuadrada, me cuesta soltar. Y por eso mismo, no aspiro a soltar del todo. Como dije antes, quiero un poquito de todo. Soltar y no soltar. Descanso y rutina. Panoramas y aburrimiento.
¿Se suman? Les cuento cómo me va.
Antes de despedirme, les dejo la Miljoyita de esta semana, que esta vez son dos porque no pude elegir una. Para quienes son nuevos, al final de cada newsletter comparto una joyita que encontré durante la semana. Puede ser una cita, una pregunta, un libro, un podcast, una película, una imagen, un video o una canción, entre otras cosas.
Uno tarde demasiado en valorar los días tranquilos.
Despertar sin una mala noticia, comer con calma, tener a quién llamar, caminar sin dolor y volver a un lugar seguro.
La felicidad más grande muchas veces parecía un día cualquiera.
Eduardo Alighieri
‘Cuando muy niños, no necesitamos cuentos de hadas, sino simplemente cuentos. La vida de por sí es bastante interesante. A un niño de siete años puede emocionarle que Perico, al abrir la puerta, se encuentre con un dragón, pero a un niño de tres años le emociona ya bastante que Perico abra la puerta’.
G. K. Chesterton


